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lunes, 11 de junio de 2012

Les songes de l'Ours (Los sueños de Oso)


Yo nunca tuve un Teddy Bear; tampoco conozco a nadie que lo tuviera. Sin embargo, ahora, de mayor, los encuentro fascinantes. Fascinantes y turbadores. Esos pequeños seres inanimados que comparten los días y las noches con niños de todo el mundo se me aparecen inquietantes en su silencioso acompañar de los deseos y los sueños de los pequeños.

Hace algunos años, Geneviève y Gérard Picot, se dedicaron a reunir toda clase de ositos de peluche, historias, textos y fotografías sobre ellos que dieron lugar a una gran colección que fue el motivo de inspiración del delicioso Les songes de l’Ours (El sueño de Oso), de François Delebecque.

Delebecque, artista plástico, fotógrafo y cineasta francés utiliza varias piezas de la colección Picot para llevarnos hasta los sueños, no de los niños, sino de sus inseparables compañeros, sus Teddy Bears. El resultado es mágico.

De nuevo, la técnica es la fotografía: imágenes en blanco y negro en formato cuadrado y a sangre, que se alternan en páginas pares e impares acompañando la imaginación, los sueños y los pensamientos de un pequeño oso de peluche que se pasea por el mundo haciéndose preguntas sobre la naturaleza humana.

Y las fotografías son quizá lo más interesante de esta historia que, sin las ilustraciones sería algo completamente diferente, probablemente menos evocador y sugerente. Difícilmente de otro modo podría conseguirse el extrañamiento que producen esas escenas tiernas y desconcertantes al mismo tiempo.

Las fotografías de Delebecque para este álbum, curiosamente -quizá de manera deliberada o por un débito inconsciente o tal vez una influencia en la manera de hacer fotos de una generación o, por qué no,  la pura casualidad-, remiten a las ilustraciones de Enzo Arnone para Ciccì Cocco. En cualquier caso, nos encontramos, otra vez, con un magnífico ejemplo del uso de la fotografía, de la buena fotografía, como ilustración en un libro para niños.

Sólo por eso, aunque yo nunca tuve un Teddy Bear, si lo hubiera tenido, sería el de una fotografía de François Delebecque.

 François Delebecque: Les songes de l'Ours (2005)

 Enzo Arnone  (1974-1981), para Ciccì Coccò.

 François Delebecque: Les songes de l'Ours (2005)


Enzo Arnone (1974-1981), para Ciccì Coccò

François Delebecque: Les songes de l'Ours (2005)




sábado, 25 de febrero de 2012

Ciccì Coccò

(A Stel.la y Merionj)






"Después, nos convertimos en adultos, en parte de la sociedad y, uno a uno, nuestros sentidos se van cerrando, y ya apenas se aprende nada nuevo, usamos sólo la razón y la palabra, y las preguntas que nos hacemos son: ¿cuánto cuesta? ¿Para qué sirve? ¿Qué puedo sacar de ello?"
Bruno Munari


 
Ciccì Coccò es una pequeña joya dentro del ámbito que nos ocupa. Se trata de un caso especial, otro de esos primeros y raros ejemplos de libros para niños ilustrados con fotografías de gran calidad, verdaderos poemas visuales que podrían colgar de la pared de cualquier museo sin más compañía que la de una cartela señalando la autoría, el año de realización y algún otro detalle técnico. El gran Bruno Munari, sin embargo, logra conferirles otra dimensión y, juntas, palabra e imagen, convierten a este libro en una obra de arte al alcance de todos.
El responsable de las fotografías,  que se llevaron a cabo en su mayor parte entre 1974 y 1981 en Inglaterra, es Enzo Arnone, un fotógrafo freelance y asiduo colaborador de distintas editoriales italianas, nacido en Cortina D’Ampezzo en 1945.
Sus imágenes están repletas de “instantes decisivos”, y de momentos que sólo un niño (o aquél que recuerda lo que significa descubrir) puede dotar de significado completo. A sangre y en blanco y negro, la obra de Arnone posee, por otro lado, la suficiente espontaneidad y altura, heredera quizá de autores como Hellen Levitt o Wolf Suschitzky, como para distanciarse de esa pátina trasnochada que caracteriza a una parte importante de la fotografía infantil.